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  • Poliglosa

A(r)mar cuerpos tullidos.

Actualizado: sep 13

Por Vanina RODRÍGUEZ


Sobre abismos, hospitalidades y estrategias de resistencia desde la representación corporal[1]: Cuerpo exiliado, torturado, desgarrado. Cuerpo en resistencia.


Resumen

El presente trabajo se articula partiendo de un diálogo con diversos textos. Mediante un enfoque interdisciplinario e interseccional se examinarán posibles formas en que los cuerpos son clasificados y definidos - es decir, construidos - como anormales, desviados y/o enfermos y su vínculo con categorías como exilio, tortura y desgarramiento. La intención es repensar el sentido del cuerpo y las corporalidades no sólo como un espacio normado por el poder sino también resistente. Pensar estos cuerpos, al parecer derrotados, como territorio de firmeza, obstinación, rebelión y resistencia.

El objetivo es interrogar estas construcciones para generar nuevas posibilidades de pensar-mirar-sentir con el cuerpo y sobre el cuerpo en los procesos reflexivos, creativos y de construcción de sentido; como así también desde dicha interrogación interpelar a las Humanidades y sus metodologías de trabajo.

Se partirá de una posible noción de genealogía, que busca detectar ciertos puntos o acontecimientos importantes para, a partir de allí, plantear sus investigaciones. No se tratará entonces de marcar una línea cronológica de hechos y de llegar a un objetivo prefijado, sino de relevar (y revelar) momentos, que se presentan como articulación de elementos y que contienen la capacidad de provocar cambios, reflexiones y nuevas búsquedas.

De esta manera, los textos que se proponen aquí, funcionarán como posibles puntos genealógicos dentro de la estructura pensada para el presente diálogo.

La genealogía de lo que se busca tiene que ver con una suerte de hitos a relevar y explorar como caminos posibles. Lxs autorxs que se abordarán serán: Cristina Peri Rosi, Txus García, Alejandra Pizarnik, Rita Segato, Juan Gelman y Jaques Derrida.

“La genealogía es gris, meticulosa, pacientemente documental” – escribía Foucault en su texto Nietzsche, la genealogía y la historia - “trabaja con pergaminos embrollados, borrosos varias veces reescritos” (Foucault,11). Hace años, quienes me conocen, me escuchan referenciar tercamente este fragmento una y otra vez. A veces pienso que vuelvo a él como quién repite una especie de mantra o mejor aún como quien conjura algo una y otra vez.

Pensamos las genealogías como nodos emergentes. Puntos que, a borbollones, a-parecen y con-tienen capacidades transformadoras. Lo grisáceo de la genealogía tiene que ver con lo poco aprensible de su materia, con lo borroso. La linealidad no es posible para estas formas, tal vez sean cintas, como las de Moebius, que aparecen, reaparecen y desaparecen. Estos pergaminos parientes y lejanos son a los que apelo para a-traer una metodología de trabajo que concilie una nueva manera de obviar ignorantes linealidades cronológicas que discursean sobre “La Razón” (y que olvidan pasiones) y sobre una supuesta Historia Verdadera (que esconden historias mínimas, relativas e interseccionales).

La parentela se presenta, las comunidades im-pensadas se exhiben. Veamos qué pasa entre esos encuentros.


1. Primer conjuro: Poesía exiliada, poesía en resistencia. Cuerpo Peri Rosi / Cuerpo Txus García

Pienso en Cristina Peri Rosi y en su cuerpo montevideano moviéndose por la atractiva, ruidosa y muchas veces superficial Barcelona. Pienso en su resistencia/existencia desde la poesía. Pienso en su conjuro llamando a otras voces. La pienso desde su urgido asilo, allí donde vida y muerte se la juegan. Allí donde el exiliado es un cuerpo ex, un cuerpo in-ex-istente.

Se produce un encuentro aquí entre mis líneas. El cuerpo Peri Rosi ha dejado de existir en su exilio del 74. En su huída.

Para pensar el cruce que se está proponiendo falta aún. El caso cuerpo Txus lo podemos pensar de manera invertida. Desde una incómoda vida ex cuerpo. Asumiendo “Documento Nacional de identidad”, “Pasaporte” y “Visado” (Txus García, 11, 12, 13) como nos anuncian tres de sus poemas, arremete desde la trinchera de lo clasificado como “a-normal”, “desviado” y “enfermo”, para darle/darse performatividad. Para desde ese exilio obligado - que es impuesto por el poder que oprime los cuerpos no binarixs (entre otrxs) - activar en jocosa resistencia y obstinada rebelión.

Cuál es el diálogo posible entre estos dos exilios (el primero desde el ex-istir en dirección a una nada desconocida y el segundo desde una re-presión impuesta y un exilio involuntario hacia un asumirse presentarse imponerse desde ese exilio hacia un sitio de apropiación del ser y estar.)

¿Qué tiene de anormal un cuerpo migrante, un cuerpo pidiendo asilo? Convenimos en que todos somos exiliados de nuestro primer arcano. El arcano matricial. El origen recóndito que viviremos re-cordando, sin tener ni una sola pista, más que nuestra existencia, de que “ha sido”. Convenimos en que todxs hemos sido expulsadxs de un cerco pretérito im-posible. Todxs somos exiliadxs. Sin embargo ese exilio manifiesta un cuerpo aún más a-normal cuando se extranjeriza. Cuando sale de su sitio de existencia. Cuando, por el motivo que sea, tiene que pedir, recurrir, llorar, implorar asilo. Es entonces cuando ese cuerpo en existencia devela la verdad reprimida de cualquiera, de todxs. La verdad de la orfandad absoluta. El cuerpo solicitante de com-pasión, el cuerpo del que pide asilo, materializa un desgarro y una caída. La caída en la existencia. Vaya golpe.

Convenimos también en que las nociones que tienen que ver con lo normal, son dispositivos ficticios para organizar cierto sistema. Cierto sistema (el que producimos y que nos re-produce) que en muchos casos se vuelve dañino. Ya sabemos... Neoliberalismo. Patriarcado. Injusticia. Violencia. Muerte.

Un cuerpo en exilio pidiendo asilo, es un cuerpo que muestra que existen fallas. Hay violencia, hay injusticia… El sistema no funciona. Y los burócratas del sistema se repliegan en sus dictámenes y desde sus privilegios segregan. Lxs asilantxs sin embargo escriben su huida en trazos, en huellas, en caminos y en su propio cuerpo mientras van andando. Lxs asilantxs re-cuerdan un im-posible… y resisten también desde la poesía.

Entonces dice el cuerpo Peri Rosi:

“Una casa

un cuadro

una silla

una lámpara

el sonido del mar perdidos,

pesan tanto como la ausencia de

Para obtener asilo debemos narrar al

mamá

detalle lo que hicimos. A veces nos

perdonan

y nos extienden un papel que nos

permite vivir donde no quisimos".

(Peri Rosi, 2003)

Y responde el Cuerpo Txus desde otros exilios y habiendo pedido otras solicitudes de asilo:

Pasaporte

"Tenía tristes problemas de peluquería:

Y si me corto el pelo, y si no me lo corto.

¡Eh, chico! ¿Tienes hora? Si me lo cortaba,

o ¿quién era yo? Si me lo dejaba crecer.

La solución fue peinar a media melena

y de los 13 a los 21 no conocí a nadie como yo.

Estuve sola en Transilvania.”


Visado

“Después del dolor decidí cambiar estrategia y

me dediqué a pervertir a damas casadas,

las rondaba, las perseguía como un trovador.

Era una llanera solitaria, kamikaze, sex ninja,

embutida unas veces en lamé –soy marika.

Otras, vestida de cuero, como una bollera.

Desde entonces vivo in the Middlesex.

Y ese estar en medio como el jueves,

hace que todas tropiecen con la menda

se cuestionen sus cosillas y

me pregunten sobre sexo y

curioseen y

me besen casi sin querer: Yo no he sido.

Aquí estoy. Me llamo Txus.

Soy.”

(Txus García, 2011)


2. Segundo conjuro: Poesía desgarrada, poesía en resistencia. Cuerpo Segato / Cuerpo Pizarnik

Cuerpo Segato:

"Es por todo esto que podemos aventurar que, si cada época tiene una personalidad modal, funcional a su fase propia de relaciones económicas - histeria para la revolución industrial, esquizofrenia con su delirio en la expresión artística del modernismo -, la psicopatía se presenta hoy como la personalidad modal. La personalidad psicopática parecería ser hoy la estructura de personalidad más adaptativa para operar de forma funcional en el orden de la fase apocalíptica del capital. El perfil psicopático, su inaptitud para transformar el derrame hormonal en emoción y afecto, su necesidad de ampliar constantemente el estímulo para alcanzar su efecto, su estructura definitivamente no-vincular, piel insensible al dolor propio y, consecuentemente y más aún, al dolor ajeno, enajenamiento, encapsulamiento, desarraigo de paisajes propios y lazos colectivos, la relación instrumental y cosificada con los otros, parece lo indispensable para funcionar adecuadamente en una economía pautada al extremo por la deshumanización y la ausencia de límites para el abordaje rapiñador sobre cuerpos y territorios, dejando solo restos. Es así que una pedagogía de la crueldad se presenta como el criadero de personalidades psicopáticas funcionales a esta fase apocalíptica del capital". (Segato, 2016: 101)

El cuerpo del sistema nos habla hoy desde este fragmento de Segato. Este cuerpo deshumanizado y zombi. Este zombicentrismo (euro- anglo-, patriarca- consumista-… centrismo… centrismo)… Todo el mundo obnubilado hacia ese desgarro y tortura que nos son propios pero que nadie es capaz de reconocer como tal. Rotos creemos buscar la belleza en banalidades tales como vidas prestadas o alquiladas. Pagamos por placeres que son de nadie y lxs más sufren y lxs más mueren.

Las estructuras gramaticales son huecas, ya han dejado de existir. Y sin embargo al modo nietzscheano de los bobos que adoran ídolos falsos, seguimos adulándolos como si fueran dioses indiscutibles. -¡Qué fechoría esa “x” o esa “e”! ¡Qué polvareda que levanta! ¡Qué huella y mella! Una “x” / “e” que se resiste en el desgarro gramatical de generalidades y géneros predeterminados. Una “x” y una “e” que les dan lugar a otras humanidades, que son capaces de asilar, de hospitar, de asumir lo que se asigna enfermo: opresión del sistema psicópata. “X” silenciosa pero qué barullo que mete…


Cuerpo Pizarnik:

“Fragmentos para dominar al silencio”

“I Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.
II Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo. Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores. No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellas las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.
II La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.” (Pizarnik: 50).

Pizarnik decide hablar desde el oscuro espacio intersticial, ese espacio que se tantea a ciegas, cuando “a la casa del lenguaje se le ha volado el tejado”, cuando la intemperie es acuciante, cuando la oscuridad nos confronta con la nada misma. Se trata de la nada que nos pertenece como cuerpos en existencia, pero que también puede ser la nada percibida como lo absolutamente extraño y extranjero.

Cuando un sistema, tal como estaba planteado, se desbarajusta, puede acontecer la catástrofe y la ruina. Las palabras, como decía Pizarnik, no guarecen porque el mundo que se pensaba y que se entramaba con esas palabras se ha desplomado. Se necesita del arte del intersticio, el que se configura a partir de restos para patear el tablero y re-inventar ciertas piezas. Se lo necesita para traducir la rabia en hacer y el lenguaje con sus palabras en pensar-decir, o sea en el cuerpo del silencio que irrumpe o tal vez en acto artístico que sabe emerger.

Cuando lo conocido, cuando nuestro hogar, cuando nuestro mundo, cuando nuestra lengua no guarece, ni cobija, ni protege, cuando el desgarro aflora en carne viva, queda buscar a tientas, con los ojos vendados, en las tinieblas. Buscar una y otra vez desde el perfil y las sombras de oscuros y palimpsésticos restos, apelando al poder del hacer. Desde la ida hacia un alzado in-seguro, in-cierto, en la frontera con lo desconocido y hermético, desde un alzado que se re-crea de restos, que se re-conoce en un espacio desgarrado entre lo conocido y familiar; y lo desconocido y un-heimlich, existe la posibilidad de re-invención y de habla porque es necesario, porque es lo que queda y porque ese acto-habla puede ser promesa fronteriza y zurcidora para la construcción de una nueva forma de habitar el mundo.


3. Tercer conjuro: Poesía torturada, poesía en resistencia. Cuerpo Gelman / Cuerpo Derrida

Cuerpo Gelman


"Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño La callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.
¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país…" (Gelman, 14)
"Amo esta tierra ajena por lo que me da, por lo que no me da. Porque mi tierra es única.
No es la mejor, es única. Y los ajenos la respetan sin querer, siendo ellos, siendo de otra manera, bellos de otra manera.
En sus bellezas me conmuevo. Nada tengo que ver con su manera de llegar a la belleza. Esto es hermoso: dándome su belleza, me dan también la ajenidad de la belleza…" (Gelman, 38)

Llegados a este punto de las fronteras concretas, físicas, geopolíticas y culturales, pero también de las fronteras del pensar-decir, de la razón y la pasión, es donde se hace patente aquello escrito por alguien “de cuyo nombre no quiero acordarme”: “El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también” (Borges, 477). La tierra ajena es nueva e indescifrable. La tortura, el desgarro y el exilio se han patentizado en sus diversas circunstancias. A la tierra nueva hay que crearla en el existir, hay que inventarla. Aquellos dobles, triples o múltiples desarraigos hablan de lo humano y su gran orfandad. Orfandad que busca y rebusca tanto hacia atrás (o algo que a-parece como el atrás-pasado) y hacia adelante (o aquello que (a-)pareciera estar adelante-futuro), desde la conjunción de esos im-posibles eones, en la aproximación fronteriza, resbaladiza no del presente - siempre insistente -, sino de eso que convoca el acontecimiento y que es conjunción de tiempos. Nos encontramos en busca de nuestros deseos e inventamos nuestros hallazgos. De esos paradójicos hallazgos que son búsqueda e invento surgen los hilos y los laberintos: caminos, posibilidades, extravíos, encuentros y pérdidas. El deseo halla y el deseo provoca pérdidas. Sin embargo y por sobre todo, el deseo deviene resistencia. El cuerpo torturado es acogido en un lugar im-previsto, im-pensado. La poesía torturada amanece en nuevas bellezas desconocidas que son cifras ininteligibles y que también son llaves de lo por-venir.

El ser que migra (geográficamente hablando), reencarna algo de la caída en la orfandad existencial por antonomasia de manera concreta una y otra vez, cuando se enfrenta a una vida que transcurre en un universo otro. Un universo que siempre se presentará como ajeno, pero que desprende restos que irán conformando al extranjero como esa novedad de múltiples orígenes. Un universo nuevo que también encuentra sus significados y puede ser tal a partir de todo aquel universo que se perdió, que ya no está más, pero que sin embargo sigue significando.

Se vislumbra una posible frontera doble, que también es bálsamo y parámetro de cicatriz. En cada diáspora, sea cual sea su motivo, hay tortura, desgarros, quiebres, heridas, duelos y muertes: la disyunción. Pero también hay aprendizajes, ensamblajes, curaciones, asilos, hospitalidades y nuevos nacimientos: la conjunción. Buscar en todo esto los equilibrios, significa tal vez ascender a los peldaños invisibles de una escalera trunca, para descubrir un horizonte in-existente. Un atisbar que crea sus peldaños, un atisbar que imagina y desea. Es ese deseo el que lanza su anhelo creativo, su anhelo que trabaja en la frontera de lo que puede decirse-vivirse y también de lo que queda oculto a la sombra. Lo por-venir es ansias de huir, es destierro, es búsqueda de un imposible origen, o de aquel fundamento en falta. Lo por-venir es erradicación de lo que hay, es aniquilación de un mundo, es catástrofe. Lo por-venir es intemperie, es silencio. Lo por-venir es deseo, un deseo que se interpone, proponiendo metas que interceptan y pretenden, olvidando, la tarea im-posible de burlar a la muerte. Ese deseo que explora en la frontera del misterio, el deseo que anudamos y encarnamos torturadxs y espectantes en nuestros exilios y éxodos diarios. El deseo que nos ayuda a crear-NOS y re-crearNOS en comunidad, a re-conocer nuestra guarida y a entender, con Pizarnik, que las palabras que se volvieron vanas, no cobijan.

La venida de “lo nuevo”, lo por-venir, provoca una extraña mezcla de vértigo y deseo. Es ese sitio en donde Tánatos y Eros se enfrentan, se sopesan, se re-conocen, entran en conflicto y re-accionan. La búsqueda fronteriza del por-venir tiene que ver con que las sombras de la razón encuentren su sitio en diálogo con los raciocinios que se piensan y asumen como verdades únicas e irrefutables (las metodologías académicas ortodoxas y absolutistas entre otras). La búsqueda fronteriza tiene también que ver con encontrar un equilibrio entre el vértigo hacia la nada y el deseo que es energía hacia lo vital: Eros y Tánatos. Comprender que dentro de estas aparentes dualidades hay espectros de inmensas posibilidades. Espectros latiendo potencia y diversidad. Se trata de espectros a convocar (o que nos convocan), instantes fronterizos que encuentran su sentido en determinados momentos del limes, en donde el mundo, aparentemente conocido, se desdibuja para darle cabida a los reflejos que hablan re-inventando lenguajes y emergiendo desde la pregunta.

Juan Gelman relata sus vivencias en mundos ajenos y dice que él “nada tiene que ver con esa manera de llegar a la belleza”. Esa manera, ese alzado particular hacia la frontera de esos seres y de esos lugares otros. También habla de la hermosura de poder “recibir la ajenidad de la belleza”. Encontrar el destello hermoso en lo ajeno, es empezar a ser y a conformarse en ajenidad. Es im-posible tornar a casa si se emprendió un largo viaje existencial a otros mundos, a otras ajenidades.

Entre esas ajenidades es que aparece ese arribante, asilante requiriendo de una hospitalidad pura y desinteresada.


Cuerpo Derrida


"L.M. –En la misma obra [La hospitalidad], plantea usted esta cuestión: «¿Consiste la hospitalidad en interrogar al arribante?», en primerísimo lugar, preguntándole su nombre, «¿o bien comienza la hospitalidad por la acogida sin preguntas?». ¿La segunda actitud es más conforme al principio de «hospitalidad ilimitada» que usted evoca?
J.D. –Una vez más, la decisión se toma en el corazón de lo que parece un absurdo, lo imposible mismo (una antinomia, una tensión entre dos leyes igualmente imperativas pero sin oposición). La hospitalidad pura consiste en acoger al arribante antes de ponerle condiciones, antes de saber y de pedirle o preguntarle lo que sea, ya sea un nombre, ya sea unos «papeles» de identidad. Pero también supone que nos dirijamos a él, singularmente, que lo llamemos, pues, y le reconozcamos un nombre propio: «¿Cómo te llamas?». La hospitalidad consiste en hacer todo lo posible para dirigirse al otro, para otorgarle, incluso preguntarle su nombre, evitando que esta pregunta se convierta en una «condición», una inquisición policial, un fichaje o un simple control de fronteras. Diferencia a la vez sutil y fundamental, cuestión que se plantea en el umbral del «en casa», y en el umbral entre dos inflexiones. Un arte y una poética, pero toda una política depende de ello, toda una ética se decide ahí. (Derrida, 1997)

Retomo la noción amplia de “A(r)mar cuerpos tullidxs”. Los cuerpos tullidos no son sólo los nombrados en esta convocatoria o conjuro, pero sí son parte de ellos. Los cuerpos tullidos son los cuerpos difíciles de comercializar o los que directamente aparecen como una carga para el sistema capitalista, neoliberal, heteronormativo, racionalista, eurocentrista, anglocentrista y etceterocentrista. Es entonces que se piensa a la palabra A(r)mar con su paréntesis trifásico y por tanto en sus tres sentidos. A(r)mar cuerpos tullidos se resiste desde los abismos propios y extraños. Desde su interrogación y puesta en cuestión perpetua, exponen sus sentidos múltiples y diversos, es entonces que recurrimos y conjuramos un amar en comunidad y en conjunción y diferencia, un armar a la manera de recomponer, ensamblar, acoplar; y un armar en el sentido de arsenal y batalla, que se están queriendo dar cita entre estas líneas.



Notas


[1] Existe una publicación de compilación propia que si bien trabaja algunos de estos conceptos, no contiene el texto que se presenta a continuación. https://issuu.com/editorialenartesvisuales/docs/cuerpos_tullidos

Bibliografía


BORGES, J.L. Obras completas III, Barcelona: Emecé, 2000.

DERRIDA, J. (1997). El principio de hospitalidad. Entrevista realizada por Dominique Dhombres. “Le monde”, 2 de diciembre de 1997. Edición digital de “Derrida en castellano”. [Trad. de Cristina de Peretti y Paco Vidarte.] Recuperado de:

https://redaprenderycambiar.com.ar/derrida/textos/hospitalidad_principio.htm

FOUCAULT, M. Nietzsche, la genealogía y la historia, Valencia: Pre-textos, 2008 [Trad. José Vázquez Pérez].

GELMAN, J. Bajo la lluvia ajena (Notas al pie de una derrota), Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2009.

PERI ROSI, C. (2003). Estado de exilio. Recuperado de:

http://www.debatefeminista.pueg.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/articulos/013_16.pdf

PIZARNIK, A. Extracción de la piedra de la locura, Madrid: Visor, 1999.

SEGATO, R. La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de sueños, 2016.

TXUS GARCÍA. Poesía para niñas bien. Sevilla: Cangrejo Pistolero Ediciones, 2011.

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